Artemis II y los radioaficionados: el espacio profundo es ya el territorio de todos

El cohete más potente que la humanidad ha construido despegó el pasado 1 de abril con cuatro astronautas a bordo rumbo a la Luna. Pero hay una historia paralela que poca gente conoce: la de miles de aficionados de la radio que, desde sus garajes, azoteas y sótanos llenos de trastos electrónicos, participan activamente en este regreso al espacio lejano.

Tres de los cuatro astronautas tienen licencia de radioaficionado. Sí, lo has leído bien. Tres de los cuatro miembros de la tripulación de Artemis II son operadores de radioaficionados. Según la ARRL, el comandante Reid Wiseman lleva el indicativo KF5LKT, Victor Glover tiene el KI5BKC, y Jeremy Hansen —el astronauta canadiense— posee el KF5LKU. Son, en jerga del mundillo, radioaficionados con todas las de la ley.
Esto no es casualidad ni anécdota. La conexión entre los astronautas y la radio tiene una historia larga. Han pasado cuarenta años desde que el primer astronauta realizó una llamada a un operador de radio en la Tierra. Ahora, la Luna está en el horizonte de esta comunidad.

Durante años, el programa ARISS (Amateur Radio on the International Space Station) ha facilitado que escolares de medio mundo hablen en directo con astronautas a bordo de la ISS. El impacto ha sido enorme. La astronauta Sunita Williams lo resumió así en 2015: cada vez que leía un informe sobre un contacto de radioaficionado, se le hacía un nudo en la garganta al ver cuántos niños habían participado.

La NASA ha pedido voluntarios para rastrear el vuelo de la nave.

Pero la participación de los radioaficionados en Artemis II va mucho más allá de que algunos astronautas tengan un hobby. La propia NASA ha abierto las puertas oficialmente. Aunque la red principal de comunicaciones de la agencia —la Near Space Network y la Deep Space Network— será la responsable de las comunicaciones primarias durante el viaje de Orion alrededor de la Luna, la NASA ha seleccionado a participantes adicionales para que rastreen pasivamente las señales de radio emitidas por la nave durante su viaje de diez días.

El resultado ha sido revelador. Unos 47 equipos en tierra distribuidos en 14 países diferentes se emplearán para rastrear la nave. Entre ellos hay agencias espaciales, universidades, empresas privadas… y organizaciones de radioaficionados.

Esta iniciativa se basa en la experiencia de Artemis I en 2022, donde diez voluntarios lograron rastrear con éxito la nave Orion. Aquella prueba funcionó tan bien que ahora la NASA quiere repetirla a mayor escala, con datos más estandarizados y un objetivo claro: entender hasta dónde puede llegar la comunidad civil en el apoyo a misiones de exploración profunda.

¿Y qué hacen exactamente?. La tarea de estos radioaficionados no ha sido facíl. Rastrear una señal que llega después de un viaje de 400.000 kilómetros de distancia requiere antenas serias, receptores precisos y bastante paciencia.
Lo que se registra básicamente es el efecto Doppler de las señales que emite la cápsula Orion.
Los radioaficionados no pueden comunicarse con los astronautas, pero los datos que recopilan se envían a la NASA para su análisis.

También en el Centro Espacial Kennedy. La conexión llego hasta el mismo lugar de lanzamiento. Para quienes se encontraban en la Costa Espacial de Florida, el audio del lanzamiento también estuvo disponible en la frecuencia VHF 146.940 MHz del Sistema de Televisión Amateur y en la frecuencia UHF 444.925 MHz del Club de Radio del Centro Kennedy.

El espíritu de siempre. Hay algo en todo esto que trasciende la tecnología. La radioafición nació hace más de un siglo con una idea simple: que cualquier persona, con los conocimientos suficientes y algo de equipo, puede comunicarse con el mundo —o, en este caso, más allá de él.

Que una parte de esa aventura esté en manos de aficionados distribuidos por catorce países, escuchando en silencio señales que recorren cientos de miles de kilómetros, dice bastante sobre lo que puede hacer la comunidad cuando la NASA decide abrirle la puerta.

Cuando la nave Orion paso por detrás de la Luna, hubo miles de antenas en todo el planeta apuntando al cielo.
La mayoría han sido  personas que hacen esto por pasión, sin cobrar un euro.
Y eso, en el fondo, es lo más bonito de todo.

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